Mostrando entradas con la etiqueta Ficción. Mostrar todas las entradas
La wera (Mario)
Este podría ser un día más que extraño el tenerte cerca, saberte entre los espacios aledaños, pero la espera es lo que le da sabor a tu presencia, la expectativa de que llegue el momento de tenerte al frente y compartir memorias. La receta parece ser sencilla, darte el espacio suficiente para que seas tú y nadie más, a la par, todo se sazona a fuego lento con las amistades, la confianza y las expectativas.
R3
R2
Cool Boutique
Stéphanie
27 de octubre
Valerí
Empecé queriéndote escribir algo
como Cornestone, pero termino siendo una patético intento de. Algunas otras
veces intente invitarte a salir, pero no salió del todo bien; creo que se debió
al que en algún momento fue tu novio y a los idiotas que suele frecuentar. En algún
momento llegamos a ser compañeros de clase, compañeros de equipo y tipos desaliñados
en alguna parte de la ciudad. Afuera la ciudad tiene un calor que puede llegar
a ser extremo, pero dentro de la oficina hay que usar algunos abrigos; cuando
las tardes se vuelven sin sentido, nos espera una tarde en algún cubículo del
cual no puedo recordar el número.
A momentos me gustaba imaginarte
dentro de algunos años, no viviendo aquí. Con un gato de tiempo completo,
mientras las facturas seguían llegando mes con mes. Luego cualquier día podría ser
un día de lavandería. Los días pasaban
como locos y la gente seguía queriéndome creer dealer, pero en mi mochila solo
hay algunas viejas libretas con dibujos que claramente hiciste una tarde de
taller. En que caja empacaremos todos los libros que restan es el mayor de los
problemas que podría ayudarte a solucionar. Debe haber algo que quiero tener
con tu tono de voz, incluso con tu forma de manejar, que supongo debe ser una
aventura difícil de frecuentar; te recuerdo batallando al tratar de limpiar
algo de hierba cuando querías fumar, no pude comprender como es que nadie trato
de pedirte matrimonio antes. No eres un trabajo de tiempo completo, más bien
eres una vacación constante, un eterno intento de regreso que se va
prolongando; una plática en algún café de la capital, un recorrido por los
lugares más peligrosos que pudiera imaginar -aunque realmente no sucedió nada-
una rayuela – la de cortázar- un conversación de negocios difícil de tratar, un
metro lleno a punto de trasbordar, unos momentos entre el decidir, un suave
beso y el adiós.
Ya no recuerdo tu número telefónico.
CFK
Correspondencia no deseada
Volver
Crucifixión, la solución
Hay ocasiones en las que a Pendejo lo alcanza la suerte y se siente fatal. Se siente halagado por la existencia al momento de encontrarse con algún regalo, algún premio que le ha deparado la vida entre tanta mala racha y se tira a llorar, desgarrado por esa sutil trivialidad que tanto lo acongoja y procura el error, el error sobre todos los bienes de este mundo; como Leonor, que un día le juró amor y con el pasó de los años Pendejo tuvo que encargarse de aniquilar.
Pendejo va y viene todos los días al hogar de una vieja puta. Sabe que con Leonor tuvo para mucho más, un poco más de lo que ahora tiene y que tanto se empeña en revivir cada noche con su nueva amada. Pendejo anda por las noches con la vida entre los pies: lo recuerda con cada gota de sudor que Rebeca impregna sobre su cuerpo, siempre tratando de hacer fricción de manera en que Pendejo haga posible un nuevo comienzo. Rebeca falla y sigue añorando haberlo encontrado cuando aún fuese un hombre jovial y lleno de inocencia.
Hay ocasiones en las que Pendejo pide a Rebeca revivir viejas vivencias y se vuelve un animal. Se siente más vivo al recrear escenas en las que Leonor era algo malvado, una bestia inconsciente del placer que sólo vive para matar, desgarrando una a una sus prendas hasta revelar el intenso dolor, el calor sobre todas las perversiones de este mundo; como Rebeca, que un día le juró amor y con el paso de los años Pendejo entendió que algún día la tendría que dejar.
817
Se hace tarde para el colegio, o cualquiera de los compromisos a los que tenemos que llegar puntuales. He olvidado mi billetera, se ha deslizado por la ventana mientras cambiaba la radio de estación. No creo que importe mucho la situación que está a punto de suceder, pues el carro sigue avanzando y el tiempo le va muy de cerca.
No te molestes, me sucede todo el tiempo. No entiendo como
los demás chicos pueden ser tan organizados; apenas y puedo poner en orden mi
almuerzo. Creo que se debe a mi nueva compañera de clase, sus gestos inconscientes
se impregnan en mi mente. No soy el tipo de chicos que la miraría directamente
(creo que eso sería molesto) prefiero verle entre reflejos; sus gestos me
matan, muerde su cabello cuando comienza la clase de matemáticas, mientras el
cuaderno se va llenando de números primos a los cuales sinceramente no les
encuentro ninguna relación. La clase de español suele ser más tranquila, eso me
gustaría creer si no fuera por la comisura de sus labios que es mi perfil
favorito durante las horas siguientes.
Así termina mi jornada, mientras esquivo algunas palabras
que no me pertenecen del todo entre el corredor. Tenemos caminos separados,
distintos, pero con la misma magnitud; podría ser todo un reflejo mal aplicado
de un estigma adolescente.
¿Qué haría yo un sábado cualquiera, que no sea pensar en ti?
Hace fin de semana, me sabes lejos. la gente sigue con su boom de consumo, mientras, no logro quitarme el boom de tus manos, tu piel y tu cintura.
Siguen las oleadas de transeúntes, yo simplemente sigo con mis oleadas de suspiros; luego veo el reloj y son apenas las 9 de la noche y me pone un poco triste el saber que el tiempo sigue pasando y cuando sea lunes, tampoco estarás aquí, ni el martes; ningún día cercano.
No, eso no es lo peor y lo sé. puedo vivir con eso, pero no puedo vivir sin ti.
Contacto visual
Donceles con amor y absurdidad
Alameda
Salvaje
De pronto me gustaría volverme salvaje y perderme contigo, quitarte lo civilizado a besos, mostrarte las proezas de la noche sobre la ciudad; los reflejos de tu piel desnuda se vuelven tornasol sobre el capote del auto, el calor se vuelve visible y el aire se disipa entre tu cabello. No hay razón, no hay nada que nos pueda hacer volver a donde pertenecemos, nos pertenecemos el uno al otro de manera involuntaria, nos pertenece el silencio y el desierto, la piel y los gemidos.
No me gustaría perderme de otra manera, de volverme civilizado y portar traje; de tener el reloj encima del hombro y el correo timbrando cada 3 minutos. No.
Te quiero salvaje, sin maquillaje ni banalidades. te quiero para perdernos, ser errantes y no-sincronizados, para vernos morir lentamente; sabes que no me importaría.
Jaladera
¿En un momento como este, a dónde debería acudir?
El tráfico hawaiano de las 7 siempre sabe cómo detenerme. las personas siempre mirando cada paso, aun y cuando no les interesa en lo más mínimo. justo ahora me enfrento a mi propia decisión. el sonido ha comenzado a parpadear, la puerta verde ha dejado de funcionar. la prisión más cercana estaba al límite, asi que tuve que esperar.
Somos dos tipos nuevos, en lugares desconocidos; con gestos muy similares y asombro casi instantáneo. no hay sombra ni sol, no hay agua ni jabón; hay vació y silencio, pero también hay autos.
Entonces, si me encuentras una tarde de viernes, ¿me reconocerías?
La sed
Calavín, calavera
Parece que me he extraviado de nuevo entre sonidos, humo y alcohol. Esta noche no me importa nada; no me importa, por ejemplo, la política actual que predomina en el país, ni de la política monetaria, no quiero hablar de la jodida ecología entre pseudo-intelectuales, ni verme varado entre temas que ni siquiera tenía la certeza existieran. No señor. Hoy quiero ponerme hasta las chanclas, no recordar donde vivo, ni preocuparme por cómo llegaré a casa de nuevo; quiero escuchar a Lupita mientras hace su plática de rutina en la barra, escuchar a los chavos que cuentan su desmadre preparatoriano entre risas y humo, a los albañiles que con mochila al hombro llegan por la caminera antes de enfrascarse en la realidad, que ya en este punto está más cabrona que la resaca.
Pinche Lupe, nomás se la pasa recibiendo cumplidos de borachos mientras pasa las cervezas, ojalá algún día se dé cuenta de que afuera hay un mundo; puede que ya se haya dado cuenta y por eso este aquí, y yo diciéndole pinche Lupe; chingado, eso me pasa por prejuicicioso.
Lo mejor de este lugar, aparte de que siempre ponen los partidos, es la calma; los gays te dan tu espacio, las lesbianas no te tienen ganas, ni de chiste. No es que yo esté muy acá pero pues quien sabe. El único pedo que tengo con este lugar —como siempre— es saber cómo chingados voy a pagar la cuenta.
